“Tenemos la obligación moral de proteger nuestro planeta para las próximas generaciones y garantizar a nuestros ciudadanos el derecho a un ambiente sano”.
El ambiente es todo lo que nos rodea. Es el aire que respiramos, el agua que bebemos, la tierra que nutre nuestros alimentos y a todos los seres vivos. El desarrollo es lo que hacemos con esos recursos para mejorar nuestra vida. En Argentina hacemos cosas que creemos que mejorarán nuestra vida, pero todo lo que hacemos la altera y altera nuestro entorno.
La innovación sustentable o eco innovación
permite desarrollar una mirada crítica para encontrar oportunidades ante los
desafíos ambientales. Resulta imprescindible promover la consolidación de
entornos de innovación que logren satisfacer simultáneamente los aspectos
ambientales, sociales y económicos de una manera amplia y sistémica.
Es hora de empezar
a hablar de sustentabilidad real para que sea parte de los debates políticos y
de la toma de decisiones a futuro. El motivo es simple, nos conviene a
todos. A los empresarios, a
los trabajadores, a los jóvenes y por sobre todas las cosas a las futuras
generaciones.
Los proyectos de desarrollo e
ingeniería son fundamentales para el bienestar, desarrollo de un país y la
sociedad, tomando en cuenta al medioambiente como factor clave al momento de la
planeación, diseño y ejecución de los proyectos; con miras a una cultura
enfocada en brindar soluciones sostenibles, enfocado en la prevención y
mitigación de impactos o contingencias que afectan directamente el
medioambiente.
Sin importar su tamaño, los
proyectos de desarrollo sostenible son fundamentales para el crecimiento y
progreso de un país, ya que benefician a las comunidades y aportan dinámicas
socioeconómicas en todos los sectores. Dichos proyectos, entre los que se
encuentran la infraestructura vial y los sistemas de riego,
necesitan basarse en criterios conservacionistas para asegurar su
sostenibilidad, la de los recursos involucrados y la calidad de vida de los
ciudadanos.
Cabe preguntarse si realmente
existen políticas ambientales en esta parte del planeta. Uno tiene la impresión
de que sí hay un conjunto de normas jurídicas de diferente jerarquía aprobadas
sobre problemas ambientales.
Se han desarrollado diagnósticos
científico-técnicos de excelente nivel, existen proyectos regionales bien
orientados, hay preocupación por monitorear daños de ciertas prácticas
agrícolas e industriales, funcionan, aun con dificultades, áreas naturales
protegidas y algunas ciudades han asumido el liderazgo con referencia al
ordenamiento urbano.
Todo ello es cierto, pero estos
esfuerzos, a veces muy valiosos, no se articulan en políticas de Estado. Hay
muchas normas jurídicas pero pocas se aplican plenamente, pues no hay capacidad
de gestión ambiental en el terreno. Existen muchas áreas protegidas, pero a
veces sólo en el papel. Continuamos erosionando nuestros suelos, perdiendo
biodiversidad, talando y quemando nuestros bosques nativos.
En realidad, en medio de la
fuerte crisis financiera, socioeconómica y cultural que nos ha golpeado,
nuestros gobiernos han estado sumidos en salvar la coyuntura: el pago de los
vencimientos con los organismos internacionales, las complejas y azarosas
combinaciones del ajedrez de la política partidaria. Todo ello acompañado por
un debilitamiento del Estado impulsado por un fuerte cuestionamiento de su rol,
mediante una avasallante prédica ideológica.
Llegamos a la
conclusión de que el desarrollo sustentable depende necesariamente de las
decisiones políticas de los gobiernos, de los intereses y de los poderes de
turno. Pero también de cambios que estemos dispuestos a hacer como
sociedad. Es hora, no de tomar conciencia, si no de llevar a la política el
medio ambiente. Es hora de que los científicos también sean políticos, es
hora de que nuestros representantes tengan prácticas ecológicas. Perosobre
todo nosotros, ya no solo
para asegurar el futuro de otras generaciones, sino de nuestro propio bienestar.
Cristián Frers – Técnico Superior
en Gestión Ambiental
y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).
